La luz del amanecer se filtraba entre las nubes cuando el grupo se detuvo frente a la muralla viva de árboles que marcaba el inicio del Bosque de Larethil. Los troncos, altos como torres antiguas, parecían absorber el brillo del día. El viento susurraba en una lengua tan vieja que incluso Kaelor guardó silencio.
—Hasta aquí —dijo finalmente—. Los caballos no nos servirán más allá de este punto.
Uno por uno, desensillaron y acariciaron el cuello de las monturas antes de dejarlas partir. Los animales se perdieron entre la neblina matinal a un trote tranquilo.
La Loba olfateó el aire, inquieta.
—Sigamos —ordenó Kaelor.
Se internaron en el bosque. La penumbra los envolvió de inmediato: no era oscuridad plena, sino un velo verde y antiguo que parecía filtrar cada rayo de luz. Los troncos, retorcidos como si hubieran crecido siguiendo patrones invisibles, formaban columnas vivientes que se alzaban hasta una bóveda de hojas casi impenetrable.
Entre ellos flotaba un rumor incesante, como voces entonando palabras en un idioma olvidado hace eras.
—Esto no me gusta —gru?ó Doran, ajustándose la correa del hacha—. No hay viento… pero esto suena como si el bosque respirara.
Kael suena apenas, sin apartar la mirada del sendero.
—Es solo un bosque, Doran.
—Un bosque que mira —replicó el enano—. Y no finjas que no lo sientas.
Kael abrió la boca para responder, pero Kaelor levantó una mano, atento a los sonidos del entorno.
Alden, unos pasos más atrás, sintió una punzada recorrerle la nuca. Como si decenas de ojos demasiado altos para verlos lo observarán desde lo profundo.
—Lo sentiste? —susurró Lyanna, acercándose apenas.
Alden asintió.
—No estamos solos.
Otro crujido.
Un golpe seco en la distancia.
Y luego otro.
Doran frunció el ce?o.
—Eso no es un animal.
Kael tensó los hombros.
—?Oísteis eso?
No hubo tiempo para reaccionar.
Sombras fluidas descendieron de las ramas. Flechas listas. Espadas curvas brillando bajo la luz filtrada. Elfos. Formaron un círculo perfecto, silencioso, disciplinado.
Un elfo de puerta firme avanzó entre sus filas. Tenía el cabello oscuro recogido detrás y una mirada acerada que no dejaba espacio a dudas.
Vaerión.
— ?Qué hacéis en nuestro bosque? —preguntó sin agresividad, pero sin un rastro de confianza—. La gente de Galathor no suele aventurarse en Larethil. Saben lo que les espera.
Kaelor dio un paso adelante, mostrando las manos.
—No servimos a Galathor. Buscamos las Reliquias del Alba.
Vaerion inspecciona a cada miembro del grupo con precisión calculada. Su mirada se detuvo brevemente en Lyanna, no por su capa, sino por la postura alerta y la forma en que su mano descansaba cerca de la daga. Luego continuó evaluando al resto. Entre sus filas, Serah mantenía el rostro sereno, sin intervenir.
—?Las Reliquias del Alba? —repitió Vaerion con cautela—. Difícil creer que quienes las buscan no actúan en nombre de las Sombras. Es Galathor quien más ganaría reuniéndolas.
Kaelor respiró hondo.
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—El Portador de la Marca está con nosotros. Las profecías lo nombran. él debe reunir las reliquias para enfrentar lo que viene.
Vaerion entornó los ojos, incrédulo.
—?El Portador? ?Y cuál de vosotros pretende serlo? —miró primero a Kael, luego a Alden, como quien descarta opciones demasiado obvias.
La mirada se encontró finalmente con la de Alden.
Un breve silencio.
Kaelor asintió.
Alden abrió su túnica y mostró la Marca.
El cambio en el rostro de Vaerion fue mínimo, pero inconfundible: un leve retroceso de los hombros, una tensión contenida, un súbito cálculo en la mirada.
No era sorpresa infantil.
Era reconocimiento.
Pero endureció el gesto de inmediato.
—Eso no significa nada. Cualquier insensato puede tatuarse un símbolo.
Sin decir palabra, Alden desenfundó la espada.
La hoja cantó al salir, derramando un destello de luz sobre el bosque.
Vaerion inhaló con brusquedad.
No retrocedió, no habló, pero por un instante su máscara de control se resquebrajó.
—Eryndhal —susurró, más para sí que para los demás—. Entonces… es cierto.
***
Los escoltaron en silencio. El bosque era inmenso, y los elfos se movían entre los árboles como sombras. Alden caminaba junto a Lyanna, atento, mientras Serah avanzaba unos pasos por delante.
—?A dónde nos llevan? —preguntó Alden.
Serah respondió sin girarse.
—A Thalan’dor, nuestro hogar. Pocos forasteros pisan sus senderos… y menos aún no elfos.
—Ante el Alto Consejo —continuó Serah, volviendo a centrar la mirada al frente—. Nuestros ancianos y líderes. Serán ellos quienes juzguen vuestras palabras.
Una bandada de aves se alzó entre los árboles, dejando un eco áspero entre las copas.
No hubo tiempo para más.
Un rugido profundo, seguido del crujido de ramas destrozadas, estalló a su derecha. Un enorme Agaroth irrumpió entre la maleza, acompa?ado de criaturas más peque?as: Krogars deformes, algunos reptantes, otros trepando entre raíces y troncos. Decenas.
—?Defended la línea! —gritó Vaerion.
El caos envolvió el claro.
La Loba se lanzó sobre dos Krogars a la vez, derribándolos con ferocidad.
Doran blandió su hacha, partiéndole el cráneo a una criatura y girando sobre sí mismo para abrir el pecho de otra.
—?Maldición! —rugió, retrocediendo un paso cuando otros tres le saltaron encima.
Kael se deslizó entre enemigos, rápido y preciso, cada movimiento una estocada mortal.
—?Son demasiados! —exhaló entre dientes mientras esquivaba un filo improvisado.
Kaelor, rodeado, levantó la espada y apenas logró inclinarse a tiempo cuando una garra le pasó rozando la mejilla. El golpe habría abierto su rostro de lado a lado. Recuperó el equilibrio y contraatacó con un tajo horizontal que lanzó a la criatura contra un tronco.
Los elfos, veloces y disciplinados, se movían entre los árboles con precisión letal: algunos combatían cuerpo a cuerpo con sus espadas curvas, formando un muro ágil y firme alrededor del grupo, mientras otros disparaban desde la retaguardia, protegiendo a sus compa?eros con una lluvia de flechas bien calculada.
Lyanna y Serah se encontraron espalda con espalda, formando un círculo defensivo.
Serah se movía con una agilidad sin igual, sus dos espadas trazando arcos plateados que cortaban a las criaturas antes de que siquiera tocaran el suelo. Cada giro de mu?eca, cada paso, parecía parte de una danza entrenada durante a?os.
Lyanna, en cambio, empu?aba solo una daga, pero sus movimientos eran iguales de firmes. Había en ella algo distinto: peque?as ráfagas de viento se arremolinaban a su alrededor, desviando las garras que intentaban alcanzarla, empujando a las criaturas justo fuera de su alcance. A veces no era claro si era su destreza o aquella corriente invisible lo que impedía que llegaran a ella.
Aun así, las oleadas no cesaban, avanzando una tras otra sin fin.
El Agaroth las vio aisladas.
Y cargó.
-?No! —Alden corrió hacia ellas, golpeando a la bestia con su espada y toda la fuerza que pudo reunir.
La espada rebotó contra la piel gruesa del monstruo. El impacto lo hizo retroceder, casi perder el equilibrio.
El Agaroth levantó su garra, dispuesto a aplastarlo.
Una sombra plateada cruzó el aire.
La Loba surgió de entre los árboles con un bramido gutural y se lanzó directo al cuello de la criatura, mordiéndolo por detrás con toda la fuerza de su cuerpo.
El Agaroth rugió, furioso, y con un solo movimiento brutal la lanzó a varios metros de distancia. La Loba cayó rodando entre los arbustos.
Alden sintió entonces un latido ardiente en el pecho.
Un calor que subía como un hilo de fuego por su columna.
Sus pupilas se dilataron.
Un destello ámbar en sus ojos subió.
El mundo parecía volverse lento.
Cuando el Agaroth giró hacia él, Alden esquivó la garra con un movimiento que ni él comprendió y, guiado por un impulso de fuerza y ??precisión imposible, clavó a Eryndhal en el abdomen de la criatura.
El monstruo rugió.
Desde la herida, un resplandor rojo estalló, iluminando desde dentro al Agaroth como si un incendio creciera atrapado bajo su piel.
El olor a carne quemada llenó el aire.
Alden gritó, no de miedo, sino arrastrado por la energía que fluía a través de él.
El Agaroth se tambaleó.
Tronó.
Y cayó hacia atrás con estrépito.
Muerto.
El silencio que siguió parecía más profundo que antes.
Serah se quedó inmóvil, observándolo con una mezcla de desconcierto y alarma. Lyanna pronunció su nombre apenas en un susurro.
—Alden…
él intentó responder, pero el aliento se le escapó de golpe. Dio un paso hacia ellas.
Entonces lo sentí:
Un roce, un soplo antiguo.
Como si el propio bosque se inclinara hacia él.
Un siseo casi imperceptible recorrió las hojas sobre su cabeza, y por un instante la penumbra verde pareció envolverlo, cálida y fría a la vez.
Algo lo había reconocido.
El marcado.
Alden cayó de rodillas.
Y se desplomó sobre las hojas mientras la luz del bosque descendía en torno a él como un parpadeo.
Gracias por leer este capítulo.Espero que lo hayas disfrutado y que continúa con el siguiente.
Me encantaría saber qué te pareció Larethil , los elfos y el enfrentamiento en el bosque.?Te sorprendió la reacción del bosque… o el despertar de Alden?
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