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CAPÍTULO 4 — La Voz Sin Nombre

  El bosque no se movía.

  Ni una hoja. Ni un insecto. Ni un suspiro de viento.

  Era como si el mundo contuviera la respiración para escucharlo pensar.

  Syra avanzó despacio, repasando cada detalle del sendero. El suelo seguía tibio. La luz apenas alcanzaba a entrar. Y cada vez que exhalaba, sentía un peque?o retraso… como si otra exhalación, más suave, lo imitara después.

  Ese segundo latido. Esa sombra en su pecho.

  Ese… alguien

  Tragó saliva.

  —?Hay… alguien ahí?

  El silencio respondió, pero no era vacío. Era un silencio que se abría y cerraba, como un pulmón invisible.

  Algo estaba tratando de encontrarlo. No como una bestia. Como un eco.

  Syra rozó el tronco de un árbol. La corteza se calentó bajo sus dedos. Y entonces lo escuchó.

  La primera palabra.

  No vino del aire. Tampoco del suelo. No resonó en los árboles.

  Vino desde adentro

  —

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  Syra dio un salto hacia atrás, el corazón disparado.

  —?Quién… quién dijo eso?

  El bosque tembló. Un soplo cálido recorrió sus brazos, como una mano invisible rozándolo sin tocarlo.

  La voz volvió, más clara, más cercana.

  —

  —

  —

  Syra apretó los dientes. Aquella voz no sonaba amenazante. Ni triste. Ni rota.

  Sonaba… cansada. Como si llevara demasiado tiempo esperando que él despertara.

  —?Desaparecer? ?Por qué? ?Quién eres?

  El aire se estremeció. No hubo palabras por un instante. Solo el sonido del bosque respirando con él.

  Syra sintió una presión leve en el pecho, justo sobre la marca. Como un dedo se?alando un recuerdo que aún no existía.

  —

  —

  Syra apretó los pu?os. La sensación era insoportable: la certeza de que estaba hablando con alguien que ya conocía… y que había perdido.

  —Dime… —murmuró—. ?Por qué siento que te conozco?

  La respuesta llegó suave. Demasiado suave.

  —

  Syra quedó inmóvil.

  La luz del bosque cambió. Un destello cruzó entre los troncos, como una chispa blanca moviéndose rápido.

  El suelo vibró. Apenas. Pero lo suficiente para que Syra sintiera el eco en los huesos.

  —?Cuál es… tu nombre?

  El silencio se volvió espeso. La voz pareció dudar. O doler.

  —

  —

  —

  Syra se llevó la mano al pecho. La marca bajo su piel ardió un segundo. Un recordatorio.

  —Entonces… ?qué quieres de mí?

  Una exhalación tibia rozó su nuca. No era viento.

  Era presencia.

  Muy cerca.

  —

  —

  Syra cerró los ojos.

  Por primera vez desde que despertó en ese mundo, no sintió miedo. Sintió… compa?ía. Una que no podía ver. Una que no podía tocar.

  Pero una que respiraba con él.

  El bosque se abrió. Las sombras retrocedieron. Y un sendero de luz tenue apareció entre las raíces.

  Syra lo siguió.

  La voz no volvió a hablar. Pero su ausencia no era silencio.

  Era promesa.

  Promesa de que en algún punto de ese sendero… la voz tendría un cuerpo. Un nombre. Un pasado.

  Y que él estaría en el centro de todo.

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